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Desahucios en España: Desde el inicio de la crisis más de 400.000 familias pierden una vivienda

Entre 2012 y 2015 se han llevado a cabo 177.900 "entregas de viviendas", según datos del Banco de España. Según los datos de la PAH, los cuatro años anteriores hubo otros 244.000 desalojos.

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La pobreza afecta a un 22,1% de la población: 10.383.238 de personas.

Un total de 3.543.453 ciudadanos viven en pobreza severa, es decir que tienen ingresos por debajo de 333,8 euros mensuales.

Y AUN VAS A SEGUIR VOTANDO A LA DERECHA FASCISTA DE ESTE PAIS?

Nuestros padres o abuelos se estan quedando sin casa,en el mejor de los casos sin comer por pagar la luz y el agua y algunos hasta mueren de hipotermia por no poder hacer frente a las facturas ya que les cortan la luz y el agua,y vas a seguir votando a la derecha española?

VES ESTAS IMAGENES ?

EL PROXIMO PUEDES SER TU O ALGUIEN DE TU FAMILIA.SIGUE VOTANDO A LA DERECHA FASCISTA DE ESTE PAIS Y AL FINAL TU MISMO TE VERAS EN LA CALLE,MURIENDO LENTAMENTE DE HAMBRE MIENTRAS ELLOS ROBAN NUESTRO DINERO Y SE PASEAN EN COCHES Y YATES DE LUJO ALIENDO IMPUNEMENTE DE LOS JUZGADOS YA QUE TODO ESTA POLITIZADO POR LA DERECHA FASCISTA EN ESPAÑA.

LA JUSTICIA ES IGUAL PARA TODOS?SOMOS TODOS IGUALES ANTE LA JUSTICIA?MIRA ESTE VIDEO POR FAVOR

IZQUIERDA NACIONAL. LA IZQUIERDA DEL SIGLO XXI

I. LA IZQUIERDA NACIONAL

Con el progreso de la globalización el poder de los Estados nacionales está siendo transferido a los grandes agentes del capitalismo global. Es un hecho que con el debilitamiento del poder de los Estados nacionales la democracia está cediendo ante el capitalismo: los gobiernos elegidos por el pueblo son cada vez menos los que toman las grandes decisiones y cada vez más las grandes decisiones son determinadas por las necesidades del mercado global y quedan en manos de las minorías que poseen el capital. Y, finalmente, es un hecho que este retroceso de la democracia está teniendo como resultado la destrucción en Occidente de los derechos que los trabajadores han conseguido en los últimos ciento cincuenta años.

Los trabajadores, privados cada vez más de la posibilidad de reclamar sus derechos a través de la autoridad del poder político, se ven obligados a plegarse a la voluntad de un capitalismo cada día menos controlado y, por eso, cada día más salvaje. Privados de la tutela de las fronteras nacionales, los trabajadores de los países desarrollados se ven obligados a competir con los trabajadores de todo el resto del mundo, y el resultado es una destrucción progresiva de los derechos que nuestros padres arrancaron con esfuerzo al poder del dinero en los últimos siglos; el resultado es la destrucción progresiva del modelo social europeo.

El modelo social y laboral europeo se derrumba ante la competencia de países que producen masivamente con mano de obra esclava, sin protección social, sin costes ambientales; países que además atraen hacia sí las inversiones de todo el mundo; países que además envían a sus desempleados, como mano de obra barata, a los países desarrollados. En lugar de provocar, como sería deseable, la expansión del modelo socio-laboral europeo al resto del mundo, la globalización lo está destruyendo en la misma Europa. Nunca en los últimos siglos han estado los derechos sociales y laborales, conquista fundamental de nuestra civilización, bajo una amenaza comparable.

En esta situación, por una parte, los legítimos intereses de los trabajadores coinciden objetivamente con la defensa de la soberanía del Estado nacional; por otra parte, la erosión de esta soberanía -sea ocasionada por tensiones separatistas o por tendencias cosmopolitas- provoca objetivamente una cesión de poder al capitalismo global y coincide objetivamente con los intereses del capitalismo global, no con los intereses de los trabajadores.

De ahí la necesidad de que a la altura histórica del capitalismo global, la nueva izquierda sea una izquierda nacional. La izquierda nacional es el movimiento político destinado a provocar la sustitución del capitalismo global por una organización de la sociedad democrática, socialista y capaz de preservar y desarrollar los valores de la civilización europea, que constituyen el núcleo de nuestra identidad colectiva y son el fundamento de la libertad y la justicia.

Hoy un mercado global regido por los designios del capitalismo salvaje, y en última instancia por la codicia individual, determina nuestra vida social. La lucha contra esta situación, es decir, la lucha contra el capitalismo, a favor del socialismo y los derechos de las clases trabajadoras, es una tarea tradicional de la izquierda. Hoy esa tarea ha de desembocar en la sujeción de los mercados a los valores culturales que las autoridades políticas, en representación de los pueblos, establezcan en esos ámbitos de soberanía política que son las naciones. La lucha a favor del socialismo es, en la era de la globalización, necesariamente la lucha contra la disolución de la soberanía de los Estados nacionales y contra la cesión del poder social al mercado global y a las minorías financieras que lo controlan. La tarea de la izquierda pasa hoy inevitablemente por la defensa de la soberanía de los Estados nacionales y de aquellos marcos institucionales a los que los Estados nacionales presten legitimidad política. Y esto es así porque sólo la autoridad política sustentada en la legítima soberanía de las naciones puede acabar con la prepotencia del capitalismo salvaje y de quienes se benefician de él.

La humanidad carece hoy por hoy de la posibilidad de construir una autoridad política mundial capaz de sobreponerse al poder del dinero. Sólo los Estados nacionales y aquellas instituciones supranacionales que se apoyen en ellos tienen la posibilidad de someter el poder del dinero a los valores de la civilización y a los intereses de las clases trabajadoras. Por eso en la era del capitalismo global la izquierda nacional es la izquierda a secas, la única izquierda posible.